Sabino Ormazabalen babes taldea.

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Indarkeria-eza, bizitza eta gatazkei buruzko ikuspegia islatzen duten Sabinoren idatziak


Escritos y posicionamientos suyos relacionados con la noviolencia como actitud ante los conflictos y la vida

Anexo 1: Declaración de Zaramaga, septiembre de 2000

Poco antes de su detención Sabino Ormazabal, junto a centenares de personas firmó este manifiesto, llamado Declaración de Zaramaga, que deja clara su posición ante el contencioso vasco y la violencia. Entre los firmantes están Javier Sádaba, Félix Martí, Bernardo Atxaga, Antonio Álvarez Solis…
 

Por la paz, el diálogo y la distensión

Las personas que firmamos este documento pertenecemos a diversos ámbitos sociales y culturales de Euskal Herria. Nos identificamos con el sentir de una amplia mayoría de nuestro pueblo que, desde diversos ámbitos, posiciones y diagnósticos, reclama la superación de toda violencia y la resolución definitiva del conflicto sin escatimar ningún tipo de esfuerzo político. Las vías han de basarse en el respeto mutuo, en la justicia y en la expresión de la palabra de Euskal Herria sin ninguna clase de coacción. En la actual situación nos dirigimos a la opinión pública para expresar los siguientes requerimientos:

A todos los partidos políticos y grupos sociales que promuevan diálogos bilaterales y multilaterales, sin exclusiones ni imposición de condiciones previas. El acuerdo solo será posible desde el diálogo entre todas las fuerzas políticas y desde el respeto de todos los derechos humanos. Se trata de buscar y apoyar un común denominador de principios básicos, métodos y procedimientos que permitan conseguir soluciones al problema político global que está en la raíz de la grave situación que vive nuestro pueblo.
A los partidos y organismos que suscribieron la Declaración de Lizarra-Garazi que superen sus dificultades y discrepancias y retomen aquellos hilos que se empezaron a tejer en el verano de 1998 y que supusieron la mayor fuente de esperanza de los últimos tiempos. Necesitamos que aquel espíritu democrático se sepa transmitir como tal a todos los ciudadanos y demás agentes políticos. Los partidos firmantes deberían poner en común alternativas y proyectos de superación del contencioso, en clave democrática y desde un talante de colaboración y confianza. Asimismo deberían acordar las propuestas de procedimientos a hacer al resto de partidos, siempre desde el respeto a la voluntad de la ciudadanía de Euskal Herria libremente expresada.
A ETA, que declare una tregua de gran alcance y duradera en el tiempo como cauce para la solución del conflicto político. Nuestra sociedad tiene el derecho a expresar su palabra y ser protagonista de su futuro sin ningún tipo de interferencias. Creemos que la ausencia de lucha armada contribuiría al diálogo, a la acumulación de fuerzas y de energías sociales y al debate sobre alternativas, facilitando la apertura de la fase de resolución del conflicto.
A los Gobiernos español y francés y a los Tribunales de Justicia que respeten los derechos de los presos a residir cerca de sus lugares de origen y a ser excarcelados cuando hayan cumplido las tres cuartas partes de la condena o sufran enfermedad grave. Así lo han solicitado de forma reiterada también el Parlamento Vasco y otras instancias políticas y sociales. Estas medidas de humanización del conflicto facilitarían dinámicas de distensión y de diálogo político y social. Ambos Gobiernos deberían levantar su veto sobre el debate de los temas políticos de fondo y, como es su obligación, deberían establecer los cauces para resolverlos.

A los organismos e instituciones (ONU, OSCE, Parlamento Europeo, Amnistía Internacional, Asociaciones de Derechos Humanos, Liga de los Derechos de los Pueblos, Tribunal de los Pueblos, Iglesias...), que sean testigos y favorecedores de los derechos de Euskal Herria en claves de igualdad y de solidaridad con los demás pueblos del mundo.

...



Anexo 2: Respuesta de Sabino Ormazabal desde la cárcel de Soto, noviembre de 2000:

 

“Estimados amigos y amigas:

He tenido conocimiento de vuestro escrito e iniciativa ante Garzón. Me ha impactado positivamente vuestra solidaridad, la rapidez con la que os habéis movido y la valentía que demostráis con vuestra actitud. Soy consciente de que, tal y como están las cosas, no es nada fácil estampar la firma en la dirección adecuada sabiendo que la criminalización con nuestras detenciones puede alcanzar a todos aquellos sectores no ya desobedientes con el sistema establecido sino que muestren su disconformidad con el pensamiento único y actúen en consecuencia.

Gracias de todo corazón. Sois un Sol, grande y caliente. Espero poder agradecéroslo en persona lo antes posible.
El primer día que me pasaron de ingresos al módulo carcelario en el que me encuentro en estos momentos, en Soto del Real, fue significativo. Aquella noche se propagó un incendio al lo largo del Cerro de San Pedro, en Colmenar Viejo, justo delante de mi enbarrotada ventana. Impotente como ese fuego me encontraba yo ante mi nueva situación. Aun sabedor de no tener de qué avergonzarme, ni nada de qué arrepentirme, había sido criminalizado, humillado, esposado, sacado por la fuerza de mi casa y los míos, de madrugada; había declarado ante un juez ante el que, dijera lo que dijera, ya tenía el Auto de condena escrito; los medios de comunicación habían propagado -sin contrastar ni preocuparse de indagar un poco- una sarta de acusaciones que no rectificarán cuando, esperemos, salgamos en libertad.

El fuego, al parecer, fue causado por las maniobras militares en Colmenar Viejo. Mi/nuestra detención lo ha sido por otra maniobra similar a la que el fuego produce: se trata de no dejar abrir caminos de rebeldía no-violentos, masivos y populares que permitan que se cierre el conflicto vasco en su forma violenta. Y eso es lo terrible. Se quiere segar la hierba para que no cuajen prácticas de desobediencia civil y dejar a la confrontación violenta sin alternativas. ¿Fuerte, no?

Con nuestras detenciones se pretende criminalizar las ideas, la libertad de pensamiento, de reunión, la militancia social no remunerada, la reflexión colectiva y el compromiso en la búsqueda de la justicia social y la libertad. Lo que ha hecho la Fundación Joxemi Zumalabe desde sus inicios ha sido poner sus modestos recursos a disposición de todos los movimientos populares y sociales no ligados con el poder. Sus proyectos, sus reuniones, sus boletines, sus jornadas… siempre han sido públicas, transparentes y abiertas. Sus cuentas económicas son nítidas. La Administración conoce su origen, sus movimientos, su gestión. ¿Cuántas fundaciones pueden decir lo mismo? La fundación es libre y autónoma, además de plural.

¡Pero hay, amigos y amigas! Salió un concepto peligrosísimo: la desobediencia civil. En unas jornadas de Herria Mugi! (¡Muévete, pueblo!, una plataforma de organismos cívicos, desde agricultores a homosexuales, desde asociaciones de consumidores a organizaciones culturales y vecinales), apoyadas por la fundación y celebradas en mayo de 1999, se abordaron los tres temas horizontales más solicitados por los grupos convocantes: la ordenación del territorio, el consumo y la desobediencia civil. Por este último tema surge la criminalización. Algunas de las ponencias presentadas se las quieren adjudicar a ETA, a pesar de que al día siguiente de nuestra detención ya salieron sus autores asumiendo su autoría en la prensa. El juez Garzón, al que se le desmantelaba su trama, no quiso admitir como prueba de la defensa el periódico en el que así constaba públicamente y se explicaba que Piztu (Encender) es un colectivo que ya ha publicado esa ponencia en una revista pública con nombre y apellido. No sirvió de nada. Estaban decididos a encarcelarnos y aquí estamos. Se libraron de los de Riaño con acusaciones parecidas y a los de Itoiz también les cayó el sambenito. También me lo adjudicaron hace algunos años, con la única base acusatoria de un informe policial que me señalaba como miembro de la asociación ecologista Eguzki, un peligroso organismo que se dedica a poner chinitas en el camino del desarrollismo irracional.

Gentes como nosotros y nosotras, que llevamos años en estas lides ecologistas y antimilitaristas, hemos conocido de cerca la represión y a algunos no nos queda ningún color de uniforme sin golpearnos desde que mataron a Gladys del Estal el 3 de junio de 1979 (dos de los detenidos, Carlos Trenor y yo estábamos junto a ella y nos tocó quedarnos en Tudela, junto a nuestra compañera y amiga muerta, para recibir a sus padres Eugeni y enrique). Desde la Coordinadora Estatal Antinuclear (CEAN), en la segunda mitad de los años setenta, hasta el Bosque de bosques de Joaquín Araujo, pasando por la oposición a la central nuclear de Lemoiz, al ingreso en la OTAN, a la Autovía de Leizaran, al embalse de Itoiz, al polígono de tiro de las Bardenas… intentando siempre sumar energías y tender puentes. Asumíamos los riesgos y creíamos que habíamos conocido todo lo que eran capaces de hacer lo que hemos venido denominando la máquina. ¡Hasta ahora!

Nuestras detenciones son un paso más allá. El saco sin fondo que han abierto puede dar cabida a cualquiera que no piense igual que ellos y no quiera quedarse en casa.

Se lo dije a Garzón y lo vuelvo a decir aquí. Yo nunca he sido de KAS, ni de ASK, ni de EKIN ni de ETA y así lo podéis atestiguar vosotros y otros muchos compañeros de todas las tendencias que han coincidido y divergido conmigo durante todos estos años. Pero ojo. Que yo no haya sido de KAS y no lo sea de EKIN no significa que los que lo sean pertenezcan a ETA, como así se les pretende presentar. EKIN hizo su presentación pública, se reúne públicamente, son gente conocida que expresa sus ideas públicamente y no se esconden. Que pretendan equipararles organizativamente a ETA refleja el grado de enquistamiento al que se ha llegado en el contencioso vasco.

Yo estoy convencido de que en la desobediencia civil no violenta se puede encontrar una salida para todas aquellas personas que creen que la sociedad vasca tiene el derecho a expresar su palabra y ser protagonista de su futuro sin ningún tipo de interferencias. Lo hemos demostrado a lo largo de todos estos años en diferentes y variadas luchas sectoriales. Inténtese su práctica con seriedad en el conflicto vasco desterrando la lucha armada y violenta y dando protagonismo a la palabra. Si pensar así es delito, seguiré en la cárcel. No es momento de hablar de desobediencia civil en términos académicos o folklóricos. Se necesita hablar pero también actuar. Con el ejemplo, el compromiso y la palabra.

Gracias de nuevo, amigos y amigas. Seguimos y seguiremos”.

Sabino Ormazabal. Noviembre de 2000
Centro Penitenciario Madrid 5. Soto del Real Módulo 7
Apartado 200. 28770 Colmenar Viejo (Madrid).



Anexo 3: Queda mucho por hacer. Diciembre 2003. Revista Hika, 150.

El trabajo Un mapa (inacabado) del sufrimiento, editado por la Fundación Manu Robles-Arangiz Institutua, es una recopilación abierta de datos sobre las violaciones de derechos humanos, la violencia, las agresiones a las libertades y el padecimiento de las víctimas en el conflicto vasco. Los datos recogidos en once apartados se remontan a 1968, año desde el que se contabiliza la Ley de Solidaridad con las Víctimas aprobada en el Estado español. También incluye un anexo de la guerra de 1936 y el franquismo.

En la introducción se mencionan asimismo otras violencias relacionadas con la injusticia social, la explotación de los seres humanos, la violencia de género... para después centrarse en la realidad vasca. Las fuentes empleadas son muy distintas y de todo el abanico político. De ahí que en muchas ocasiones no sean coincidentes y resulten inconexas. Esta ha sido una de las dificultades para la elaboración del libro, pero hay más. No he encontrado un trabajo con datos oficiales definitivos que sean iguales.

Para empezar, no existen datos oficiales en la mayoría de los casos, especialmente en los relacionados con la violencia estructural del Estado. Pero incluso en lo que se presupone que tendría que estar más elaborado, no existe coincidencia. Es el caso del número de muertos imputados a las distintas organizaciones armadas vascas: en el cómputo total no coinciden el Informe Gil-Robles (que cifra en 805 las personas muertas), los datos de Patxo Unzueta y José Luis Barbería (815), la Subdirección General de Atención al ciudadano y de asistencia a las víctimas del terrorismo (817), Manos Blancas (854) o la Asociación Víctimas del Terrorismo (858). Pero es que además, consultando la propia página web del Ministerio del Interior y de la Guardia Civil nos encontramos con dos cifras distintas de víctimas en los cuadros estadísticos: en uno se lee 817 y en otro 855.

De ahí la dificultad a la que me refiero, a la que habría que añadir la dispersión de elementos informativos, cuando no la inexistencia de los mismos, su inaccesibilidad o grado de fiabilidad, imprecisión y falta de contraste, los muchos fallos detectados (y de los que no se librará este documento) y la imposibilidad de acceso a otros muchos datos especialmente en el tiempo que va de 1968 a 1977, algunos de los cuales quedaron recogidos con gran esfuerzo en la clandestinidad. A pesar de todo, este trabajo aporta los suficientes elementos como para que cada cual cruce los datos como crea conveniente, los interprete, indague en las causas y busque espacios de discusión y soluciones.

El mapa es inacabado porque queda mucho por hacer aún. Queda mucho trabajo de recopilación para ir completando el mapa. De la misma manera, queda mucho trabajo político, social y cultural para que sea reconocido el sufrimiento en su totalidad y en todos sus ámbitos, y se pongan las bases para terminar con las amenazas y malos tratos crueles contra las personas, contra todas las personas. Una de las realidades que más me impactó fue conocer la situación de, por ejemplo, el 44% de las personas heridas por coche-bomba que han quedado con invalidez permanente, las 1.294 que han quedado con incapacidad física o las 41 con gran invalidez, así como el gran número de personas que han perdido un ojo por disparos de pelotas de goma.

Si la Ley de Víctimas no contempla a las personas que han sufrido la violencia policial, ni la de los grupos paramilitares o de la extrema derecha, tampoco cabe esperar que desde las mismas instancias se logren mayores consideraciones para las 34 personas muertas en movilizaciones y actos de protesta, o las 20 fallecidas en controles policiales de carretera, o las alrededor de 4.000 personas heridas en manifestaciones o huelgas, o las 5.300 que han denunciado torturas.

El mapa que se vislumbra tras poner todos los datos encima de la mesa es el de un panorama ampliamente complejo, de gran magnitud, y que refleja que el sufrimiento humano está más extendido de lo que se piensa. La muerte de Sara Fernández es un suma y sigue en este sombrío mapa. ¿Quién no tiene alguien de la familia, cuadrilla o vecindad que haya sufrido la violencia política en alguna de sus facetas? Si tras la lectura de este trabajo logramos acercarnos, respetar y solidarizarnos con los seres humanos que están tras esta indigesta acumulación de datos y cifras, habremos logrado uno de los objetivos de este trabajo: contribuir a la humanización del conflicto.

Hay dos trabajos previos a este mapa inacabado que merecen citarse. Uno es el de Violencia, apoyo a las víctimas y reconstrucción social (Fundamentos, 2000), de Carlos Martín Beristain y Darío Páez, y otro son los dos tomos de la Ponencia Víctimas de la Violencia (noviembre 2000), elaborados por la Comisión de Derechos Humanos y Solicitudes Ciudadanas del Parlamento vasco. Ambos, además, sugieren salidas y líneas de trabajo. Los primeros plantean una comisión consensuada, de carácter multidisciplinar, al estilo de las Comisiones de la Verdad y que estuviera integrada por personas con amplio reconocimiento social. Los segundos recogen la propuesta de un Observatorio de las Víctimas de la Violencia, formulada también por el Gobierno de Juan José Ibarretxe. Las dos merecen ser tenidas en cuenta.

Necesitamos reconstruir cuanto antes el tejido social de un pueblo que quiere decidir su presente y su futuro en libertad.



Anexo 4: Derechos cuestionados, cuestión de derechos 29 de mayo de 2004

Sabino Ormazabal Elola
euskonews.com

"La Razón" del 21 de mayo titulaba una de sus páginas con un "Fuerte polémica al regalar el Senado a su Alteza Real el Príncipe de Asturias el cuadro de una artista abertzale". Se refería a Puri Herrero. En el texto se leía que "según ha podido saber este periódico en fuentes de máxima solvencia, la artista vasca 'ha estado siempre vinculada al mundillo abertzale', y ha participado en numerosos actos a favor del acercamiento de presos de la banda terrorista ETA al País Vasco". Y contaban un suceso del año 1979 (sí, hace 25 años) para intentar justificar tales asertos.

¡Fuentes de máxima solvencia!… Bueno. Este es un ejemplo más de lo que se ha denominado la nueva "caza de brujas". A Puri Herrero le restriegan la ficha policial, convenientemente filtrada y sesgada al medio que han determinado en ese momento, y después una ristra de tertulianos y columnistas en nómina lo manosean y repiten en días sucesivos hasta el hartazgo, antes de que caiga en sus manos una nueva pieza cedida por el gabinete ad hoc.

Siguiendo este caso en el mismo periódico, Alfonso Ussía dedicaba al día siguiente sendos insultos gratuitos a la pintora, -y una criminalización no tan gratuita- catalogando a "una tal" Puri Herrero de "proetarra", "conocida más por su militancia batasuna que por su arte", "la Puri puede pintar con el culo, pero los títulos los elige muy bien", y aunque previamente había reconocido "supina ignorancia" sobre su trabajo profesional, el cuadro regalado es "una supuesta obra de arte de una batasuna" y "una de sus bazofias".

¡Menos mal que se trataba de un regalo!

Ejemplos como éste se amontonan tras la tesis estrella manejada hasta ahora por el Ministerio del Interior español y el juez Baltasar Garzón: "No existe entorno de ETA, sino que todo es ETA". A partir de ello, la presunción de inocencia brilla por su ausencia. Ese "todo es ETA" ha llevado la raya criminalizadora a sectores muy amplios de la sociedad vasca, cuyas libertades quedan perseguidas, judicializadas, restringidas, anuladas… siendo violados los derechos elementales al honor, a la intimidad y de imagen.

Con esta muestra se puede explicar mejor lo anterior:

Martín Ugalde es el "ídolo del entorno intelectual de ETA"; muchas ikastolas son "talleres donde a los jóvenes se les enseña a odiar a España como país invasor, se les incita a justificar, cuando no a exaltar, el terrorismo de ETA y se les empuja a usar la violencia en cualquier grado"; "La UPV es lo mismo que decir la Universidad del Nazionalismo Vasco"; "En AEK se imparte la teórica del odio a los futuros terroristas"; Ikasle Abertzaleak es "el sindicato estudiantil de ETA"; "La industria editorial vinculada a la cultura euskaldun es la que de verdad financia a ETA"; "ETB es TeleETA"; "Euskal Terrorbista", "ETA Telebista"; el Plan Ibarretxe es "la disneylandia a la sombra de ETA"; lo ha dicho un ex portavoz del Gobierno español: "Está bien la iniciativa de Garzón, pero se queda corta (...) El Gobierno vasco debería ser llevado a los mismos tribunales en los que fueron sentenciados los nazis. Pero no hay narices"; el escultor Jorge Oteiza es otro "nazi metafísico"; "el yihad vascuence es un terrorismo bendecido y sagrado"; "no hablaré más en euskera porque es la lengua de ETA"; Lizarra-Garazi es "un frente de ETA"; "Ese discurso de ELA tiene un sesgo proetarra"; "La Policía investiga a 170 empresas de las que sospecha que son tapaderas de ETA"; "Caja Laboral Popular es el banco en el que más confía ETA"; los Gaztetxes son "centros de reclutamiento de ETA"; los okupas "están vinculados a ETA"; "El movimiento antiglobalización no tiene nada de democrático" (lo dice Blair); Rigoberta Menchú es "la vocera de la violencia vasca"; Hebe de Bonafini es "la gorda amiga de ETA y Batasuna"; sobre los premios Max y Goya: "actorcitos proetarras"; "del entorno de KAS" son los Solidari@s con Itoitz; la plataforma ecologista Ezpitsua "está cercana a los violentos"; "El de José María Setién es un Cristo parabellum"; y sobre las torturas: "cómo le torturaron a Martxelo Otamendi no comprándole palomitas ni globos ni helados" o "ese torturadito director del periódico proterrorista Egunkaria"… (1)

Al citar a Euskaldunon Egunkaria nos topamos con una de las últimas operaciones judicial- policiales que más ha impactado en la sociedad vasca. Al calor de la nueva tesis de la Audiencia Nacional, han buscado actuar sobre una parte importante de la cultura vasca, y algunas de sus empresas han sido intervenidas, cerradas o registradas: Euskaldunon Egunkaria, Jakin, Elkar, Zabaltzen, Gaiak, Argia, Ikastolas Partaide, AEK… y algunos de sus editores detenidos y/o procesados, como anteriormente lo habían sido los de Egin, Egin Irratia y Ardi Beltza, junto a una amalgama de organismos y colectivos más.

Son cerca de 250 las personas que están procesadas en los sumarios especiales de la Audiencia Nacional, en espera de juicio. Algunas de esas personas están en esa situación desde hace seis años. Estos sumarios son: Sumario 18/98 (que incluye a Egin y Egin Irratia, Xaki, Ekin, Fundación Joxemi Zumalabe-Piztu y otras piezas separadas como la de Pepe Rei, Iker Casanova y varias empresas, quedando fuera AEK), Sumario 18/01 (Haika-Jarrai, a la que se incorpora el Sumario 15/02 de Segi), Sumario 33/01 (Gestoras pro Amnistía y Askatasuna), Sumario 35/02 (Batasuna), Sumario 6/03 (Udalbiltza) y las Diligencias Previas 216/01 y 403/03 (Euskaldunon Egunkaria y varias empresas del Parque Martín Ugalde)…

Además de las personas procesadas en cada uno de estos autos, aparecen otras muchas personas y organismos citados en los miles de folios que los componen. Sólo en la pieza de la desobediencia civil (Zumalabe-Piztu) aparecen citados un centenar de personas y grupos sociales que, por esta vez, han tenido la suerte de haberse librado del procesamiento al que están sometidos sus compañeros de la Fundación Joxemi Zumalabe, ABK, Piztu y Bai Euskal Herriari. Las 1.700 personas autoinculpadas han sido igualmente criminalizadas. Las manifestaciones de protesta se han convertido asimismo en actividades delictivas. Las prohibiciones y multas se han generalizado.

Ahora, todo es ETA o le hace el juego a ETA. O se está con esa concepción o se es cómplice. Actores, músicos, directores de cine, exposiciones culturales… han sufrido el nuevo trazo de la raya, siendo catalogados de proetarras, prohibidas sus actuaciones, boicoteados sus componentes, censuradas algunas de sus expresiones… El último caso conocido ha sido el veto del Ayuntamiento de Cartagena, gobernado por el PP, que ha impedido la emisión de "La pelota vasca" de Julio Medem el pasado 15 de mayo. Su proyección estaba organizada por las Juventudes Socialistas de esa ciudad.

Algunos de los motivos para excluir a HZ de las elecciones europeas tienen tralla también y se basan, como en la mayoría de los otros casos, en acusaciones policiales. Es preciso insistir en que ninguno de los sumarios citados anteriormente cuentan con sentencia firme aún. Entre otras razones se ha aducido que la número uno de la lista "es miembro" del Foro de Debate Nacional, "una plataforma designada por ETA"; que en el puesto diez aparece una colaboradora de AuB que ha sido citada en la página web de Gara; que si el logo de HZ es una estrella; que si otra integrante ha participado en una marcha a Bruselas en defensa de los derechos de las personas presas y otra ha solicitado los permisos para una manifestación (legal) en defensa de esos mismos derechos; que si otras han participado en elecciones universitarias en las listas (legales) de Ikasle Abertzaleak o que hace 17 años formaron parte de una candidatura que entonces era legal.

Todo ello vulnera no sólo el derecho a libre pensamiento y actividad política, sino a poder ser elegido y poder elegir.

Repasar todo esto no significa por mi parte mirar a un solo ombligo. Así se me acotó el tema y así he tratado de desarrollarlo, pero no es posible permanecer impasibles a otras conculcaciones de derechos que se dan asimismo en nuestro pueblo, donde más de mil personas tienen que vivir con guardaespaldas.

Una lectura de la situación de libertades y de los derechos humanos en Euskal Herria tiene que contemplar todas las partes del conflicto (partiendo en primer lugar del derecho a vivir) si no se quiere incurrir en una lectura parcial del mismo. Consecuentemente, un intento de superar la actual situación de falta de libertades generalizada debería tener en cuenta la realidad ajena, lo cual ayudaría a encontrar una salida justa al sufrimiento y al conflicto político vasco.

Muchas de las referencias de este artículo están entresacadas del libro "Mil y una coces contra la disidencia"

Anexo 5: Por un futuro con memoria (1) Marzo 2006

Por Sabino Ormazabal Elola, autor de Un mapa (inacabado) del sufrimiento y encausado en el sumario 18/98. Artículo publicado en el número 174 de la revista Hika
(http://www.pensamientocritico.org/publicaciones.htm).

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“Vale ya de preguntar ¿estos muertos, de quién son? ¿Son de los nuestros o de los de ellos? La verdad. No son de nadie, son de todos, pero sobre todo pertenecen a quien les añora y a quien les llora” (Pilar Manjón, “Diario de Noticias” 15-02-06)

Participando como moderador en las segundas jornadas de noviolencia activa en una tumultuosa mesa redonda sobre reconciliación y víctimas multilaterales, en el Koldo Mitxelena de Donostia, y mientras intentaba tranquilizar a una parte importante del público que increpaba a uno de los ponentes, víctima de ETA (¡cuánto nos falta por aprender a escuchar y respetar a quien no piensa como uno mismo!), una persona llegó a decir que igualmente el moderador, o sea el que esto escribe, también era víctima y que eso no se reconocía desde las “asociaciones de víctimas del terrorismo”.

¿Víctima, yo? Nunca me he considerado como tal. Pero ahora que lo dicen, ¿no lo es Patxi Azparren, que fue detenido, encarcelado, criminalizado y encausado en la pieza de desobediencia civil del sumario 18/98, y posteriormente apartado del procesamiento sin que nadie haya rectificado las acusaciones públicas, ni indemnizado, ni pedido perdón?

¿No es víctima Gladys del Estal, ni su madre? (Son 34 las personas muertas en movilizaciones populares desde 1968 en Euskal Herria). ¿No lo es Txerra Iriarte, que sufrió dos veces los ataques de “elementos incontrolados”? (Son 70 las personas muertas por la extrema derecha y fuerzas parapoliciales, y centenares las que han sufrido heridas y atentados ultras) ¿Tampoco lo es Mikel Salegi, tiroteado en un control de la Guardia Civil cuando salía de una cena con los compañeros de trabajo? (Son 20 las personas muertas en controles policiales). ¿Tampoco lo es su madre?… ¿Y las 6.000 personas torturadas? (Hasta en Marruecos se les ha tomado testimonio público).

Pues no. Ninguno de estos casos se reconoce en la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo (Ley 32/1999, de 8 de octubre). Son bajas producidas en actos violentos, pero no son víctimas del terrorismo. El Estado tiene el monopolio de la violencia y Kepa Aulestia llega a afirmar que “la evocación de ‘las otras violencias’ es un recurso esencial para ETA” (“El Correo”, 17-11-05). ¿Miramos entonces para otro lado porque podemos tener complicaciones con las fuerzas policiales si insistimos en decir que víctimas hay de muchos tipos?

Tampoco hay acuerdo en el lenguaje a emplear, aunque hay esfuerzos positivos: la asociación que lidera Pilar Manjón se denomina “de afectados por el terrorismo”, no asociación de víctimas, aun siéndolo. Y para enmarañar más la situación, aparece la entrevista de Telecinco: “¿De qué me voy a arrepentir? ¿Cómo me va a dar pena?”.

Quién y qué es ser víctima

No hay acuerdo, por tanto, en la concepción y consideración de ser víctima. Carlos Martin Beristain puntualiza y dice que ser víctima es una situación, no una condición. ¿Alguien puede decir a otra persona que ella no se siente víctima? Constantemente leemos, en plural, que “todos nos sentimos víctimas” de este conflicto, que “a todos nos ha salpicado la violencia”. El otro día, “El Correo” abría el periódico con este subtitular: “Dámaso Casado, secretario general de UGT-Euskadi: Somos víctimas y creemos que podemos ayudar a que todo esto desaparezca”. Y lo volvía a repetir Casado en “El País”, “Nosotros, UGT, somos víctimas del terrorismo”.

Otros, en cambio, quieren acotarlo y plantean que las víctimas son sólo ellas y los demás son victimarios. “Unicamente los terroristas persiguieron y mataron” (Jaime Larrinaga, presidente del Foro El Salvador, 21RS, enero 2006). “En nuestro caso los culpables tienen nombre y apellido y son sólo unos muy concretos” (José María Ruiz Soroa, “El País” 12-02-06).

Existe sin embargo consenso en considerar como víctima a aquellas personas que han sufrido la violencia de forma directa y que han muerto o resultado heridas a consecuencia de ella. También son víctimas las personas allegadas a las anteriores, la familia directa. Las leyes que contemplan ayudas e indemnizaciones así lo especifican. Pero incluso sobre esto ha habido más de un desagradable episodio entre las distintas asociaciones.

Enrique Echeburua, presidente de la Sociedad Vasca de Victimología (“El Diario Vasco” del 1 de diciembre de 2005), responde a la pregunta de “si no hay peligro de degradar el concepto por una sobreabundancia de víctimas” de esta manera: “Hay que definir con precisión qué es una víctima: un ser humano que sufre como consecuencia del daño provocado intencionadamente por otro ser humano (…) Respecto a la sobreabundacia no hay que confundir víctima con victimismo: en la víctima hay un componente objetivo –la pérdida que ha experimentado–, y otro subjetivo –el malestar emocional que le interfiere en su calidad de vida–”.

Para el siquiatra Luis Rojas Marcos “la identidad de víctima es algo transitorio, es una entidad limitada” y lo razonó así ante el juez Garzón en Nueva York: “Si lo de ser víctima se vuelve una forma de vida, algo por lo que vivir y morir, es negativo. Las asociaciones no les hacen ningún favor si les mantienen en el papel de víctimas” (“El Correo”, 17-11-05). A este respecto, el ex portavoz de la familia Ortega Lara, Isaac Díez, considera “un error hablar de colectivos de víctimas” y propone que éstas “deben ser tratadas de forma personalizada” (“El Mundo”, 24-11-05), mientras que para el presidente de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, Iñigo Urkullu, algunas actuaciones de la AVT han supuesto “una mayor victimización de las víctimas” (“Deia”, 25-11-05).

Discrepancias en el diagnóstico

Tampoco hay acuerdo en la extensión del sufrimiento, ni siquiera entre el mismo espectro ideológico. Para Paco Llera, director del Euskobarómetro, “son cientos de miles las víctimas de la violencia y excluidos por el régimen nacionalista” (El País”, 25-10-03). Sin embargo, para el presidente del PSE-EE Jesús Eguiguren, “nos guste o no reconocerlo, la tragedia vasca realmente afecta a una porción pequeña de personas. No es verdad como se dice que la mitad de la ciudadanía que no es nacionalista viva amenazada. Aquí se vive con una calidad de vida y unos elevados niveles de bienestar y a la vez persiste un problema de terrorismo, de ecuación y de falta de libertad. Pero para construir una buena terapia hay que partir de un diagnostico realista” (“El Diario Vasco”, 12-10-03).

¿Qué podemos hacer? ¿Qué defender?

Se ha tratado en los últimos años de acercar posiciones y de juntar a personas que, desde estas distintas ópticas, son capaces de escuchar opiniones contrarias a las suyas. Ha habido espacios interesantes en las que se han juntado víctimas distintas. De mi propia experiencia extraigo las siguientes propuestas a lograr, algunas de ellas recogidas en un reciente seminario de Elkarri:

1. Para empezar, que no haya más víctimas. De ningún tipo. Derecho a vivir y humanización de los conflictos. Se deben lograr las condiciones adecuadas para ello, en el presente y en el futuro. Debe garantizarse el grado de seguridad idóneo para todas las personas amenazadas. Que nadie necesite guardaespaldas para salir de casa ni nadie deje de asociarse o expresar sus ideas por miedo a cualquier operación policial arbitraria. Se abandona la judicialización de la política y viceversa.

2. Se debe reconocer el daño causado. Los victimarios de uno y otro signo deberían manifestar públicamente su responsabilidad por lo sucedido. Necesitamos volver a reconstruir el tejido social que ha sido destruido en la sociedad vasca durante todos estos años, tras la reparación que se merecen las víctimas. Se debería buscar el reconocimiento mutuo entre todas las partes, para una convivencia en paz y libertad.

3. Hay que “otorgar a las víctimas un régimen de ayuda, protección y asistencia digna” (una de las resoluciones del III Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo). Especialmente para ese importante número de personas que tiene que convivir con invalidez permanente, física o sicológica, a consecuencia de los atentados. Igualmente, por las actuaciones policiales.

4. Las iniciativas institucionales de reconocimiento y tratamiento de las víctimas pueden adquirir fórmulas diversas, pero no puede haber olvido o discriminación jerárquica de unas víctimas sobre otras. Habrá que hacer juegos malabares. Vale. Pero todas merecen ponencias oficiales y un reconocimiento adecuado y digno.

5. No al olvido es otro de los posibles acuerdos entre todas las partes. Memoria histórica. Miremos atrás, sí. Pero miremos todo y a todos los casos. Se debería instituir algo similar a las comisiones de la verdad establecidos en otros lugares.

6. Una prioridad: La búsqueda y localización de los cuerpos de las personas desaparecidas –José Humberto Fouz, Jorge Juan García, Fernando Quiroga, Moreno “Pertur”, Naparra y “Popo” Larre– para que puedan ser enterradas tal como lo deseen sus familias y allegados.

7. No sería coherente que se trabaje por evitar las víctimas en nuestro país y se siguiera subvencionando la lógica de guerra. Las instituciones deberían declarar su renuncia expresa a la guerra y a la utilización de la violencia como medio de encarar los conflictos. Con ese objetivo se debería de prohibir la utilización de este territorio para maniobras bélicas y rescindir los apoyos a las fábricas de armamento, procediendo paulatinamente a su proceso de reconversión en actividades civiles.

(1) Me sumo al lema de la manifestación de Gesto por la Paz el pasado 28 de enero en Bilbao fue “Indarkeria gehiagorik ez! Por un futuro con memoria”.

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1 comentarios:

Gracias, Sabino, como siempre por la limpieza (no sólo en términos de claridad) de tu debate y propuesta... Tan necesaria como autoevidente, aunque no sea reconocida como tal en la inmensa mayoría de discursos sobre el tema, alimentados siempre por las "víctimas selectivas" del poder, las que se definen por la identidad de su verdugo, tras las que se parapetan los verdaderos "cobardes morales", la etiqueta que aplicaban con tanto rigor (y siguen aplicando legalmente) a quienes no creímos en las guerras antiterroristas, libradas encima en nombre de las víctimas.

Un abrazo enorme, y todo el apoyo del mundo.
Escrito por Víctor Sampedro — 22 Mar 2006, 17:36


 


Anexo 6: Kafka, ¿quousque tandem?04 Abr, 2006

M. Zuloaga, F. Olalde, S. Ormazabal (*)
Procesados en la pieza de desobediencia civil en el 18/98
También firman el artículo: I. O’shea, C. Trenor, M. Zubiaga, A. Frías, O. Altuna y M. Aznar.

* Josef K. vivía en un Estado de derecho, en todas partes reinaba la paz, todas las leyes permanecían en vigor, ¿quién osaba entonces atropellarle en su habitación?

Cuando se tramó el operativo contra la Fundación Zumalabe, ETA estaba en tregua. Cuando se produjeron las detenciones, un año y medio después, se acusaba a los amigos de K. de transmitir a los movimientos sociales las órdenes de ETA para subvertir el Estado mediante la desobediencia civil.

Josef K. comparte sala, además, con personas acusadas de publicar un periódico o por trabajar por la construcción nacional y social, hasta por importar bacalao… por mandato de ETA.

En fin, somos culpables conforme a un peculiar tipo penal: la pertenencia o colaboración inadvertida… No se juzgan hechos sino personas u opiniones: es el derecho penal del enemigo.

* No hay ningún error. El Organismo para el que trabajamos (…) no se dedica a buscar la culpa en la población, sino que (…) se ve atraído por la culpa y nos envía a nosotros, a los vigilantes. Eso es la ley.

* No conozco esa ley –dijo K. Pues peor para usted –dijo el vigilante. Sólo existe en sus cabezas –dijo K. Ya sentirá sus efectos –respondió el vigilante.

Todo esto es tan absurdo que parece un sinsentido. Pero, ¿seguro que es tan absurdo?, –preguntaría el vigilante. Sí, pero se trata de un absurdo nada inocente, ya que tal atropello busca amedrentar a la gente para que no salga de sus casas, busca abortar la disidencia difundiendo el temor en el seno de las posiciones críticas y rebeldes, busca destruir el rico y plural tejido social vasco, busca impedir un futuro libre, justo y en paz para nuestro pueblo, –contestaría K.

Pero si le damos la vuelta –apostilla Josef K.–, llevamos años escuchando que la sociedad civil debe participar más en la vida social y, por el contrario, ¡zas!, doce personas son procesadas por su activismo social en los movimientos sociales y cien personas y organismos son criminalizados en el mismo auto judicial. ¡Hasta nos enteramos en una de las sesiones del juicio de que los Núcleos de Intervención Participativa –esos procesos participativos y de diálogo conocidos como NIP, impulsados por las instituciones– están también en la trama de ETA! ¡Toma ya! Las Agendas 21 estarán temblando a estas alturas… Todo es ETA.

* Tampoco alardee tanto de su inocencia, estropea la buena impresión que da.

Es verdad. No tendríamos que ser nosotros quienes tuviéramos que estar justificando nuestra inocencia. Tendrían que ser los acusadores, los vigilantes, quienes deberían demostrar sus acusaciones. Estamos por tanto ante una presunción de la culpabilidad, que no ante la presunción de inocencia –advertiría acertadamente K.

* Usted está detenido, cierto, pero eso no le impide cumplir con sus obligaciones laborales. Debe seguir su vida normal.

¡Vida normal!, dice usted. Pero aquí nos tienen desde el día siguiente al 20-N. 500 kilómetros para arriba y 500 para abajo, como si fuéramos un ascensor, que diría K. Somos rehenes y nos tienen como si estuviéramos en un tercer grado, pero al revés: por la mañana y la tarde, en el juicio; pero por la noche no dormimos en la Audiencia.

Y lo que nos queda.

* Debe ser un delito grave. Pero como está en libertad no ha podido cometer un delito semejante.

Por las calles de Madrid cincuenta etarras peligrosos transitan en libertad con peticiones que suman centenares de años de prisión.

* Bien –dijo el juez instructor, hojeó el libro y se dirigió a K. con un tono verificativo: –¿Usted es pintor de brocha gorda? –No –dijo K.–, soy el primer gerente de un gran banco.

¡No se rían, silencio! ¡Los acusados no abran la boca! ¡Cállense y punto! ¡No nos interesan los motivos por los que no quiere contestar al fiscal! –se vocifera una y otra vez a los amigos de K.

* No digo que sea un procedimiento caótico, pero le ofrezco esa designación para que tome conciencia de su situación.

La situación, verdaderamente, es kafkiana. El juicio es kafkiano. Un Estado que persigue así a los movimientos sociales es kafkiano. Un Estado que continúa uncido ciegamente a la noria del pasado es kafkiano. ¿Hasta cuándo «el proceso»? ¿Quousque tandem? Noiz arte?

(Basado en “El Proceso” de F. Kafka, un verdadero manual de instrucciones para interpretar el juicio 18/98).